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viernes, 2 de septiembre de 2011

El origen del planeta de los simios

Es una práctica cada vez más frecuente en el mundo del cine: cuando un gran éxito ha llegado a su fin se intenta sacar algo más de rendimiento a la historia buscando el origen. Así, se generan grandes producciones cinematográficas de lo más prescindibles e incapaces de hacer honor a la calidad de las originales. En este caso, debo agradecer que hayan querido buscar el origen de uno de los grandes clásicos del cine. El planeta de los simios que protagonizó Charlton Heston en el año 1968 dejaba muchas dudas sobre cuáles eran las causas que habían llevado a la supremacía de los monos. Por ello, se trata de una película totalmente necesaria y que, además, cumple todas las expectativas que se le podían pedir. Incluso introduce un subtema tan interesante como es el de una de las enfermedades que más preocupan en la actualidad: el Alzheimer. Profundiza en este tema lo justo y necesario, evitando que eclipse al asunto central, pero sin llegar a tratarlo de manera superficial. 
En El origen del planeta de los simios nos encontramos con una película con un argumento perfectamente desarrollado, efectos especiales impresionantes y una gran actuación por parte de Andy Serkis, que encarna a César (el simio protagonista) y que después de dejar maravillado al gran público con sus papeles de Gollum y de King Kong ha conseguido que cada vez sean más las voces que piden su nominación a la estatuílla más prestigiosa del mundo del cine. Y no es para menos, porque al ver a Serkis realmente llegas a creer que es un simio el que aparece en pantalla y parece imposible que un hombre pueda imitar todos esos movimientos y gestos con tanta perfección.
En cuanto al trabajo de James Franco, solo puedo decir que es adecuado. Mejora trabajos anteriores (a excepción de 127 horas), pero este joven actor sigue sin convencerme. Uno de los grandes reproches que se les suele hacer a este tipo de películas es el hecho de que los papeles femeninos adquieran una total irrelevancia en el transcurso de la historia. Siento decir que 'El origen del planeta de los simios' sigue cumpliendo una mala costumbre que no logro entender. Si la guapísima Freida Pinto desapareciera por completo, el argumento no perdería ni un solo punto clave ni la más mínima variación. Tocará seguir esperando a que las grandes productoras de Hollywood decidan apostar por las mujeres más allá de su función como florero. 
Llama la atención descubrir que uno de los primeros en probar suerte después de su paso por la saga Harry Potter como alumno de Hogwarts haya sido Tom Felton. Y lo hace además con una gran producción y demostrando que puede aportar grandes cosas en el mundo del cine. La historia no pierde el ritmo en ningún momento gracias a la excelente conexión entre todos los elementos que hacen que esta película sea muy especial. Una historia conmovedora en su primera parte y un final emocionante que te dejarán enganchado al asiento durante casi dos horas. Sin duda alguna, la mejor película del verano.

miércoles, 20 de julio de 2011

Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 2

Existen dos tipos de espectadores de la saga de Harry Potter: los que acuden a verla al cine cada vez que se estrena en las salas como si de una especie de obligación se tratase, sin que los personajes les preocupe especialmente e incluso perdiendo el hilo de la historia en algunos momentos. Y también están los que dejaron que el joven mago entrara en sus vidas hace muchísimos años a través de las páginas escritas por una tal J.K. Rowling, que consiguió que millones de personas se engancharan a sus libros y vivieran con ansiedad la publicación de cada una de las partes en las que se divide su obra. Para estos últimos, Harry Potter ha marcado una etapa de sus vidas (en la mayoría de ellas esa etapa ha sido la adolescencia) en las que han seguido sus aventuras, sus logros y sus pérdidas pero, sobre todo, en las que han descubierto con él un mundo lleno de magia y de sorpresas. Yo me encuentro en ese segundo grupo de espectadores y, creo que solamente aquellos que compartan un grado de afición tan alto como el mío son capaces de entender todos los sentimientos que produce el saber que una etapa tan importante ha llegado a su fin. Ya ocurrió en ese momento en el que lees la última frase del séptimo libro. Pero entonces aún nos quedaba la saga cinematográfica, un pequeño consuelo. Ahora ya ni eso. Ya está, todo lo que teníamos que ver o saber sobre este mundo tan especial se ha terminado.
Eso sí, lo ha hecho a lo grande y ofreciendo a unos seguidores tan fieles lo que se merecen. También hay que decir que la escritora J.K. Rowling se lo puso muy fácil a todo el equipo encargado de llevar adelante la película, y es que su último libro superó en emoción, acción y espectacularidad a todos los anteriores. Tan solo encuentro un momento demasiado retorcido, demasiado rebuscado y cogido con pinzas que, afortunadamente, en la película solo aparece de pasada, sin profundizar en el tema para salir aerosos de una situación confusa. Todo un acierto haber dividido este último libro en dos películas para ofrecer una gran batalla final, sin dejarse ningún elemento clave, mostrando todo lo que los lectores, al leer cada palabra, imaginaron ver en la ficción cinematográfica.
A nivel interpretativo debo destacar el excelente trabajo de Ralph Fiennes que realiza un trabajo impecable en la piel de Voldemort, ayudado por una caracterización asombrosamente bien hecha. Y una vez más, Helena Bonham Carter demuestra lo bien que le quedan los papeles excéntricos poseídos por la locura. En cuanto al trío protagonista más famosos de los últimos 10 años (Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint) se han mantenido en su línea de siempre, con todo lo positivo y negativo que ello conlleva. Los efectos especiales lográn introducirte en una escenas de lo más impactantes. Ya lo comentaban los jóvenes actores que han protagonizado la saga durante una década: sorprende ver unos decorados tan familiares, tan nuestros, reducidos a montones de piedra y polvo.
La tensión que domina casi el 100% de la película consigue que los amantes de la saga disfruten de cada minuto de la cinta, con un regusto a dulce despedida, con el conocimiento de que ese será un día inolvidable, el fin de una era no solo en la historia de Harry Potter, sino también en la de cada uno de los que hemos vibrado con su historia. Una despedida épica que ha sabido estar a la altura de las circunstancias (algo complicado teniendo en cuenta las grandes expectativas de millones de personas de todo el mundo). Una experiencia que tenéis que vivir en una sala de cine, a poder ser en 3D (un momento así hay que disfrutarlo con la mayor calidad posible) y que, cuando desaparezca después de mucho tiempo de las carteleras de los cines tenéis que volver a disfrutar tantas veces como queráis en el comedor de vuestra casa. En definitiva, un recuerdo eterno compartido a lo largo y ancho del planeta. El fenómeno Harry Potter pone punto y final, sí, pero continuará vivo en la memoria de todos nosotros.